En Torrelodones (Sierra de Guadarrama / presierra noroeste de Madrid, en el eje de la A-6 (Autovía del Noroeste). Limita con Hoyo de Manzanares al norte, con Madrid (monte de El Pardo) al este, con Las Rozas de Madrid al sur y con Galapagar al oeste. Está a unos 29 km de la Puerta del Sol., 25.433 habitantes (INE, 1 de enero de 2025). En 2024 eran 25.316, con un crecimiento anual muy contenido (+201 personas). Densidad de unos 1.153 hab/km² sobre 21,95 km², y un 21% de la población menor de 18 años, lo que confirma el perfil de municipio familiar de vivienda unifamiliar.) Torrelodones es un municipio de vivienda unifamiliar en parcela, no de bloques. El INE reconoce siete núcleos de población diferenciados: Torrelodones-Pueblo (el casco histórico, alrededor de la iglesia y la Atalaya), Torrelodones-Colonia (también llamada La Estación), Los Peñascales, Los Robles, Los Bomberos, La Berzosilla y El Gasco. La Colonia nació en el último tercio del siglo XIX alrededor del apeadero de tren inaugurado en 1864: Andrés Vergara y Rosario Manzaneque promovieron la Colonia Vergara y la Colonia Victoria con trazado en cuadrícula, hoteles de veraneo de la burguesía madrileña de los que aún queda un buen número, hoy rehabilitados y conviviendo con bloques bajos de los años 60-80. El gran salto vino a partir de los años 70 y sobre todo entre 1990 y 2010, cuando se urbanizaron las zonas de ladera con chalets exentos en parcelas de 800-2.500 m² y, ya en los 2000, con adosados y pareados. Los Peñascales es un caso singular: es una urbanización compartida con Las Rozas, con calles curvas adaptadas a la topografía granítica en el lado de Torrelodones y calles en cuadrícula en el lado de Las Rozas, y agrupa a su vez subzonas con nombre propio como Montealegre, Arroyo de Trofas y El Monte. El resultado es un parque de vivienda muy heterogéneo en antigüedad (desde palacetes de 1900 hasta obra nueva) pero muy homogéneo en tipología: cubierta propia, parcela vallada, garaje privado y ausencia casi total de comunidades verticales grandes.
Torrelodones es prácticamente el escenario ideal para el autoconsumo: cubierta propia en la inmensa mayoría de las viviendas, sin necesidad de acuerdo de comunidad ni de reparto de coeficientes, y tejados de teja a dos o cuatro aguas con superficie de sobra para 8-14 paneles. El consumo eléctrico medio de un chalet de Los Peñascales, Los Robles o La Berzosilla es muy superior al de un piso urbano porque suma piscina con depuradora en verano, aire acondicionado, riego, y cada vez más bomba de calor y coche eléctrico, así que el excedente se autoconsume en lugar de venderse a precio bajo. El factor limitante aquí no es la radiación sino la sombra: la trama de encinas y pinos de las urbanizaciones obliga a hacer un estudio de sombreado real y a plantear optimizadores o microinversores por panel en vez de un inversor de string simple. La orientación tampoco viene dada, porque el viario de la parte de Torrelodones de Los Peñascales es curvo y adaptado a la roca, y hay muchas cubiertas orientadas a este-oeste que rinden mejor repartidas en dos aguas que forzando una sola. Torrelodones está a 846 m de altitud media, con un desnivel municipal que va de los 675 m junto al arroyo hasta los 1.011 m del Canto del Pico. Esa cota de presierra hace que los inviernos sean sensiblemente más fríos que en Madrid capital o que en el sur metropolitano: heladas frecuentes de noviembre a marzo, mínimas por debajo de 0 °C con regularidad y algún episodio puntual de nieve, mientras que los veranos son algo más suaves que en la ciudad aunque con máximas por encima de 35 °C en julio y agosto. La precipitación ronda los 524 mm anuales concentrados en otoño e invierno, con cuatro meses secos de junio a septiembre y una amplitud térmica anual de unos 19 °C. La radiación solar es alta y el cielo despejado la mayor parte del año, en el entorno de las 2.700 horas de sol anuales típicas de la Comunidad de Madrid.
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Un apunte local: Torrelodones debe su nombre a la Atalaya, una torre-vigía andalusí del siglo IX que formaba parte del sistema defensivo de la Marca Media y que sigue en pie sobre el casco antiguo. Pero el hito que explica el municipio actual es más reciente: el apeadero de ferrocarril inaugurado en 1864, que convirtió a Torrelodones en uno de los primeros lugares de veraneo de la burguesía madrileña y dio origen a la Colonia, con sus manzanas en cuadrícula y sus hoteles con jardín. Ese doble origen —pueblo serrano arriba, colonia de veraneo abajo— es la razón de que hoy convivan viviendas de 1900, chalets de los 70 y obra nueva en un municipio de solo 21,95 km². En el extremo alto del término está además el Canto del Pico, a 1.011 m, con sus formaciones graníticas singulares y usado como observatorio durante la Guerra Civil.