Colmenar no tiene un parque residencial, tiene tres superpuestos, y cada uno da un trabajo distinto. El más antiguo es el casco en torno a la Basílica de la Asunción y las colonias que absorbió el ensanche —Los Remedios, Dos Castillas, Santa Lucía—, de los años 50 y 60: ahí lo normal es instalación monofásica tendida antes de que la puesta a tierra fuera exigible, columna montante por fachada y cajas de derivación que nadie ha abierto en sesenta años. El segundo son los bloques que levantó la oleada migratoria de los 70 y 80, donde el punto crítico no está dentro de la casa sino en el cuarto de contadores y en la derivación individual, que se quedan cortos cuando media escalera pasa a inducción y bomba de calor. El tercero, los sectores de los 2000 —Arroyo Espino, La Tejera, San Crispín, Navallar—, que nacen conformes a normativa y donde el encargo es de ampliación: repartir circuitos para cargador y aerotermia sin agotar la potencia. Y luego, lo que no es vivienda: las naves del Polígono Sur y del Polígono La Mina, en rehabilitación con cerca de tres millones, y las canteras de granito y pórfido, que son baja tensión industrial: legalizaciones, cuadros de maniobra para maquinaria de corte y machaqueo y tomas de fuerza a pie de nave.
Trabajamos en Colmenar Viejo y en los municipios de alrededor (Tres Cantos, Soto del Real, San Sebastián de los Reyes, Guadalix de la Sierra). A 883 metros de altitud, Colmenar Viejo es medio grado a un grado más frío que Madrid capital en media anual (13-14 °C), con unos 5 °C de media en enero y unos 22 °C en julio. Registra en torno a 28 días de helada al año: la primera suele llegar en la segunda quincena de noviembre y la última en la primera quincena de abril, así que la temporada de calefacción es larga, de octubre a abril bien entrado.
Somos instaladores autorizados con más de 10 años de experiencia y más de 500 instalaciones realizadas en la Comunidad de Madrid. Hacemos el estudio en tu casa o tu negocio sin coste, te damos el presupuesto por escrito y ejecutamos con equipo propio, sin subcontratas. Y si algo no funciona como debe, volvemos y lo arreglamos.