La batería virtual se ha puesto de moda en el autoconsumo. Suena casi a magia («guardo mi sol para la noche sin batería»), pero conviene entender qué es de verdad y cuándo te interesa frente a una batería física. Te lo explicamos claro y sin humo.
¿Qué es exactamente una batería virtual?
No es una batería: es un servicio de tu comercializadora. Tus excedentes (la energía que produces y no consumes) en lugar de pagarse a precio de mercado se convierten en saldo en euros que descuenta de tu factura — a veces incluso del término de potencia y otros conceptos, según la tarifa. Es un mecanismo contable, no físico.
¿En qué se diferencia de una batería física?
La batería física (de litio) almacena energía real para usarla de noche; cuesta entre 3.500 y 9.000 € pero te da independencia y respaldo ante cortes de luz. La virtual no almacena nada: solo optimiza el valor económico de tus excedentes. Una es hardware; la otra, un acuerdo de facturación.
¿Cuánto puedes ahorrar con batería virtual?
Con una buena batería virtual puedes aprovechar prácticamente el 100% del valor de tus excedentes, subiendo el ahorro de un 55–70% (solo placas) a un 80–90%, y sin desembolso inicial. El matiz: el saldo no suele poder retirarse en metálico y caduca según el contrato (mensual o anual).
¿A quién le conviene?
A quien genera excedentes apreciables (tejado bien orientado, consumo diurno bajo) y no quiere invertir en una batería física. Si tienes cortes de luz frecuentes o quieres independencia real de la red, la batería física tiene sentido por separado.
¿Y si quiero batería física igualmente?
Se pueden combinar: batería física para el autoconsumo nocturno y batería virtual para el excedente que aún sobra. Lo analizamos en el estudio según tu consumo real y te decimos qué combinación amortiza antes en tu caso.
Contenido divulgativo y orientativo. Cada caso es diferente: pide un estudio personalizado.
