En Pinto el aire acondicionado es lo que permite dormir. El municipio está a 604 m en plena llanura del sur madrileño, sin el relieve que en la sierra genera brisa e inversión nocturna: la noche no descuenta el calor del día, y el asfalto de la A-4 y las naves de Las Arenas lo devuelven durante horas. En la serie del Retiro las noches tropicales han pasado de 7 a 35 al año de media (CSIC, 1894-2024), y Pinto no tiene la altitud que refresca la sierra. En los bloques de 1968-1979 —La Calera, La Floralia, Buenos Aires, Los Cisnes— no hay preinstalación ni falso techo por el que pasar conductos: lo realista es split en salón y dormitorio. Ahí ayuda un rasgo propio de Pinto, cuyo planeamiento limitó a cuatro alturas y 110-120 viviendas por hectárea: hay cubierta plana amplia y pocos vecinos por portal, así que subir la unidad exterior a la azotea es salida real cuando la comunidad veta la fachada o el piso solo ventila a patio. En los adosados de La Tenería y Parque Europa, de dos plantas y fachada oeste, compensa un equipo por conductos frente a cuatro splits sueltos. Y si la caldera está para cambiar, lo que toca no es comprar frío, sino un equipo que dé frío y calor.
Trabajamos en Pinto y en los municipios de alrededor (Getafe, Valdemoro, Parla, Fuenlabrada). Pinto está a 604-605 m de altitud en plena llanura de la meseta sur madrileña, sin el efecto de sombra ni la inversión térmica de los municipios de la sierra: es de los puntos más cálidos de la Comunidad en verano, con máximas que alcanzan los 40 °C en julio y agosto. Los inviernos son fríos y secos, con heladas y mínimas bajo cero en diciembre y enero, pero sin nieve significativa ni días de cobertura persistente.
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